Límite de tiempo
Un límite de tiempo es el que pones sobre cuánto de tu tiempo y tu energía regalas. Protege tus horas, tu descanso y tu derecho a decir que una petición no te cuadra.
Tu jefe te pide un favor a las seis de la tarde y te oyes decir claro que sí mientras se te encoge el estómago. Ahí un límite de tiempo se está cayendo. También se ve en contestar los mensajes apenas llegan, aceptar reuniones para las que no tienes espacio y tratar tus propios planes como lo primero que se cancela.
Quien complace tiende a poner su tiempo a precio cero. La urgencia de los demás suena más fuerte que tu propia agenda, así que tu noche, tu día libre y tus horas sin planes se gastan antes de que hayas decidido nada. El costo aparece después como resentimiento, la cuenta callada del tiempo que regalaste sin elegirlo.
Un límite de tiempo puede ser una sola frase. Puedo hacerlo para el viernes, hoy no. Este fin de semana no estoy libre. Déjame revisar antes de comprometerme. La pausa entre la petición y tu respuesta es donde vive el límite, y tienes permiso de tomarla.