Resentimiento
El resentimiento es el fuego lento que sientes hacia las personas a las que sigues diciendo que sí. Suele ser la cuenta que llega por un límite que nunca pusiste, lo que se acumula al dar más de lo que querías dar.
Cruzaste la ciudad otra vez, cubriste el turno otra vez, escuchaste una hora otra vez, y en algún punto se instaló un enojo bajo. A veces el enojo apunta a ellos, a veces a ti. Debajo hay un hecho más simple: diste algo que no querías dar, y nadie lo supo, porque nunca lo dijiste.
Para quien complace, el resentimiento es el impuesto previsible del autoabandono. Cada no callado se suma a la cuenta. Como el límite se quedó en silencio, la otra persona no tuvo manera de respetarlo, y el costo cae como un reproche que puede sentirse injusto para todos.
El resentimiento es información. Marca el lugar exacto donde va un límite. La sensación suele aliviarse cuando el límite se dice en voz alta, aunque salga imperfecto, porque entonces tu sí puede volver a significar sí.